"Existen personas que representan un puente entre la realidad física y la realidad mística. Personas que nos conectan a un mundo más allá de nuestra percepción material y dan a nuestra alma el respiro necesario para continuar. Un abrazo, una palabra,una sonrisa, un gesto,un silencio,una mirada, un simple roce... Cualquiera que sea el medio que utilicen, nos transportan más allá de lo conocido..." Marie

domingo, 12 de junio de 2011

Momo & Sumire-chan ...Una relación extrañamente perfecta....

"En medio de una situación confusa, el ponerse en los zapatos de la otra persona siempre ayuda a comprender  y ver un poco más allá de lo que ella representa en ese momento. El recordar lo bien que te hace sentir esa persona y aceptar que no es perfecta, te ayuda a volver en si, a no juzgar sin escuchar la verdad o lo que esa persona siente. La idealización según nuestros propios prejuicios o nuestros estados de ánimo conlleva a la destrucción o no realización de lo que puede ser una gran relación..." Marie...

Kimi wa petto, amo esta historia... Se las recomiendo...

Momo es un claro ejemplo de amor verdadero, de lealtad y amistad para con su persona especial y Sumire-chan, es la clara representación de lo que estamos acostumbrados a ser en una relación: idealistas y de lo que podemos llegar a ser, si vemos más allá de nuestra nariz...

Desde nuestra niñez, la sociedad a través de la publicidad nos ha metido en la cabeza la absurda idea del "príncipe azul" de sonrisa divina y alta estatura y de la "princesa rosa" de cuerpo y rostro perfecto, los cuales no conocen defecto alguno y viven "felices por siempre".

En muchos  casos crecemos en medio de un terrible dilema:  ¿Porqué papá y mamá no viven felices por siempre como en los cuentos? ¿A caso no se aman?  Sí, conforme vamos dando oxígeno a nuestras neuronas, nos vamos enterando que aquella historia del kinder o del libro que nos leían antes de dormir, no se parece en casi nada a lo que vemos día con día.

Pero dejando a un lado los traumas de la infancia; es bien sabido que nos pasamos la adolescencia y el resto de la juventud inventando una y otra vez  a la "persona ideal", soñando con esa relación tan deseada y esperada. Poniéndole rostro y músculos al caballero romántico, detallista, sincero y fiel o la modelo voluptuosa, generosa, comprensiva y sensual.

Y mientras llegan, nos conformamos con lo que vaya saliendo de camino pero eso sí, para no quedar tan mal con nosotros mismos, tratamos de adaptar a la persona que tenemos en la realidad a la de nuestra imaginación. Basta un indicio de amabilidad para sentir que ese chico es tal cual lo deseamos; aunque quizás sólo fue amable porque andaba de buenas...

Una y otra vez, esperamos más de lo que las personas nos pueden o quieren dar. Exigimos lo que a nuestro criterio es grato, correcto e importante y dejamos de lado la imperfecta realidad. Culpamos a los demás de nuestro dolor ante una ruptura, achacamos el fracaso de una relación a la hipocresía del otro, al entorno y a su familia, pero no nos detenemos a pensar si realmente dimos chance a conocer a esa persona antes de entregarle más de lo que merecía.

No siempre (no siempre) las personas nos engañan, a veces nosotros nos engañamos solos creyendo que una persona es de tal o cual manera (nuestra manera), tratamos de cambiar lo que al parecer está mal en la otra persona (exigimos) cuando en realidad lo que estamos haciendo es  intentando crear un espejo de nosotros mismos.

Por supuesto, tarde o temprano (según la resistencia de la contraparte) esta actitud acaba por destruir el intento de relación o  en su defecto la relación  y nos deja con un sinsabor, un corazón lastimado, una mente confusa y la negativa de volver a confiar en alguien más.

Acabamos creyendo que el amor no existe, que las personas son todas iguales y que el mundo está mal, hasta que, claro está llega otra persona, nos endulza el oído, nos refresca la vista y.... caemos. Le damos un chance y lo volvemos a intentar. Y así sucesivamente el ciclo de las relaciones continúa hasta que nos cansamos de lo mismo y decidimos actuar o nos cansamos de lo mismo, nos tomamos un descanso y continuamos.

Ineludiblemente somos el resultado de nuestras relaciones pasadas, porque siempre nos queda algo; bueno o malo pero nos queda. Debemos estar conscientes que la realidad dista mucho de los cuentos de hadas y de las películas de ciencia-ficción.

No existen personas ni relaciones perfectas. Existen personas imperfectas que logran complementarse entre sí  creando algo más que una relación: un vínculo indisoluble. Personas opuestas pero afines, dispuestas a darse el chance de ser ellas mismas y aún así quererse y permanecer juntas... Personas que se aceptan tal cual son con miras a transformar sus defectos en virtudes en pro de un bienestar común y de la consumación de un alma plena...

"El tomar un respiro para  conocernos en la soledad, a través del dolor y de las experiencias pasadas, nos enseña a amarnos un poco más y nos transforma en  personas más selectivas a la hora de aceptar a alguien en nuestra vida. Elegimos mejor a nuestros compañeros (as) y somos capaces de discernir entre lo que podemos dar, lo que queremos  dar y lo que estamos dispuestos a tolerar en otra persona..."

Marie

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